domingo, 31 de julio de 2011

La Mundana

La mundana!, enjambrosa e inmetódica, se reinventa en el tiempo involuntaria. Es sin embargo la inquietud individual incrustada en la masa movible, cualidad virtuosa de personas como Sempiterno Augusto, plácido hombre de clarividencia que fue bastón de cojeras indecisas.

Sempiterno se hizo burgués por su natural talento que le permitía distinguir en todo singular acontecimiento y situación, lo accesorio de lo principal. Y no era vana la destreza por extraordinaria, sino por el bien que hacía. Profesiones de enjundias varias consultaban una concreta separación en cualquier asunto, negocio, trama o gestión.

- He aquí que esto es lo accesorio, y aquello otro... ¡lo principal!.

Congénita clarividencia que Sempiterno acompañaba con gusto, sin ser ello necesario -por accesorio-, de una calma afable y educada, una suerte de don para saber estar y decir.

Sempiterno, noble, negó desde el principio la posibilidad del rédito en el talento, y la consulta iba por las gracias despachadas con un sencillo gesto. Tratamiento altruista que deparó, sin embargo, mejor crédito y un gran número de nebulados en su día, regresaban otro cualquiera -ya compuestos de dicha y solución-, con abundantes agradecimientos provechosos.

Es por ello entonces que, sin buscarlo, Sempiterno se hizo el más rico de los burgueses del lugar, y la más noble de las personas del sitio.

Sempiterno Augusto... ¡qué de cerca veía el mundo!

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