domingo, 31 de julio de 2011

El Muerto


Aturdido escribo en esta noche conclusa de matices saturada, cuando observo alzando la vista al frente, destapando la oscuridad nublada del contraluz, en la cercana lejanía de la esquina, dos gotas luminosas que no caen. Desespero por enterdelas pausadas, suspendidas en el fondo negro de esta estancia.


Inclinando la mirada fija desde este triste rincón en desuso, acierto una presencia humana que fijamente observa.



Nada más que un rostro apenas esbozado en la adaptación del color ausente, que es la habitación. Y sacudido con un escalofrío, con el pasmo en la garganta, los ojos henchidos y rígido mi cuerpo, hago nada por hacer sin poder actuar. 

De lejos me cerca ensimismado, inmóvil, un hombre. Como un cuerpo muerto.

No relajo ni un centímetro y estremecido pienso ¿Esos ojos qué querrán?, y sin vacilar un momento, alzando el brazo encendido lentamente, como escuchando ese pensar silencioso, me señala de lejos apuntando. Con inquina recalca el lugar, el tiempo y su pasaje, que soy yo. Entonces aprieta también por dentro y me angustia asfixiando.

Ahora siento la fría amargura de la memoria, y cuando paralizado aplomo sobre el suelo, lo veo mirarme resentido mientras me ve morir. Sincopado, aprieto el pecho con fuerza insistente, y clamo por mi vida agonizando... Pero no cesa el demonio de apuntar hacia donde estoy, afligiendo... quemando... desgarrando...

Mi muerte desde la esquina mientras grito, ¡culpable! ¡canalla!



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