Una montaña diluída -que parece rocosa- es su vida pensada. Una parte que no le ha hecho feliz. Gibrelto, sumido, erecciona su cuerpo y avanza -dejando pasos- sin mirar hacia adelante. Su cabeza le pesa hasta el tono afligido. Camina por la ciudad como un ambulante ensimismado. Camina y avanza, frío y muerto.
Gibrelto, nacido sin tara, tropieza a conciencia y voluntad con quien de frente se acerca, la gente que reposa como masa muerta y que se queja sin querer, siendo ser sin ser. Hubo quien le habló sin entender que era un muerto quien camina, sin estar junto. No quiso el vulgar que se fue haciendo, a sinuosos pasos, en su cara.
Derrotado infringe castigo. Con su rostro enfrentando la desdicha, un aire desdobla contra el desairado, a quien le tiembla su maleta con la afrenta que no enfrenta y cae parado. Gibrelto erguido, a fuerza por fuerza lo abate hasta el suelo sin morder en lamento.
Gibrelto mide nada y pesa lo mismo. Nadie. Un muerto a quien nadie reprocha. Un muerto que enfrenta al vivo y le gana sin nada. Nadie!.
Es por eso que muere más cada día. Abatido porque no comprende.
No hay comentarios:
Publicar un comentario